Boeing 787 filmado sobre Rusia desde un avión.

Aunque las fuentes oficiales nos vendan estas imágenes como una «estela de condensación rara», debemos ser conscientes de la falsedad de estas informaciones, que no tienen base científica alguna.

En esta filmación podemos ver (con nuestros propios ojos) dónde se inicia la estela; es indiscutible, por tanto, que lo que observamos no es la condensación del vapor de agua que sale del motor (¿o acaso volaba previamente con el motor apagado???), sino ALGO muy distinto.

Si miras detenidamente, es obvio que la estela no sale de detrás del motor, sino del lateral del motor, lo cual es una muestra más de que estamos ante prácticas de geoingeniería. Las estelas de condensación no se parecerían en nada a este enorme y denso chorro (¿cuánto combustible quema el avión, del cual la mitad es CO2, que no forma estela??), nunca podrían conectarse y desconectarse y, por si fuera poco, son un fenómeno científicamente IMPOSIBLE que, sin embargo, está «en boca» de todos aquéllos que no han estudiado el tema, bien por desconocimiento, por prejuicios y creencias aferradas, por apatía, por no jugarse el puesto de trabajo o por miedo a afrontar un tema tan terrible. (Ver Documento sobre la falsedad de la «teoría de las estelas de condensación», firmado por Don Jesús Herraiz, doctor en química orgánica por la Universidad de Barcelona).

Los programas de geoingeniería, (realizados sin el conocimiento ni el consentimiento de las poblaciones), son una amenaza existencial de la que no se puede escapar ningún ser vivo. Son, por tanto, un atentado contra la biosfera, contra todos nosotros y nuestros hijos; es terrorismo y guerra climática, química y biológica.

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